jueves 14 de agosto de 2008

al espacio infinito... y mas allá...

Son las seis de la mañana y amanece sobre Zürich. Desde el balcón, divisa el sol emergiendo lentamente sobre Mühlebach, allí donde los originales viven en las laderas silenciosas sobre el Limmat. Silenciosas, mientras no pasen los puñeteros tranvías arriba y abajo. Aunque a su alrededor coinciden las señales de tráfico, el monótono encaje metálico del tram y las flores nítidas y coloridas, sabe que el apartamento que alquiló al otro lado de la Hardstrasse está ya en la zona de los Främlings. Allí donde el tiznado de la piel, alguna bandera turca y jóvenes en edad-burbuja permiten un cierto anonimato muy difícil de conseguir en una ciudad de doble moral perfecta, de agricultores reconvertidos por el calvinismo a la riqueza: trabajo y más trabajo. Malditas ganas de trabajar siempre: sobre la tierra las innumerables flores-Heidi, regalo de Dios, debajo, las cuentas numeradas. Avida Dollars, no poetry.


Héctor contempla la ciudad en su leve caída hacia el lago: bajo su mirada cansada la entrada de trenes a la Hauptbahnhof revela el antiguo diseño de un disimulado maquetista loco de Märklin. Tiene tiempo suficiente, piensa, mientras toma el tranvía numero 13 (constata que los suizos tienen sus propios pánicos que no consiguen dominar, aún, al orden regular de los numeros primos, ja) y baja al provinciano Zentrum de los financieros. Huele el agua; el gradiente de humedad lo lleva al lago mientras la lluvia arrecia. Delicadamente tomada del aire por el enorme manto fractal de los árboles el agua sigue su ciclo, pero le deja su olor primigenio en cualquier rincón. Ni en sus mejores épocas de nariz en A.Puig, en la fábrica de Potosí, logró discriminar tan bien lo inodoro, sólo podía pasarle en el país de las vacas violetas.

Debajo de la Fraumünster-Kirchen, en una diminuta plaza en éxtasis al lado del Limmat se encontraron. Sus habilidades para conseguir lo que quería no eran más que la depuración de años de indiferencia hacia las transacciones de las corporate. Sabía cómo camuflar los sobornos comerciales sin dejar rastro, cómo donar fondos a ongs-cáscara, cómo manejar el agujero negro de la activación contable del wip. El olor a agua había desaparecido y sus sentidos intuían el peligro. Las palabras no llegaron a hilar nada más que frases rituales en una conversación inexistente y un chipset con los ficheros cambió de manos limpiamente, como una transacción más de las miles que se realizaban cada día dentro de los silentes muros de piedra.

Guardó la memory-card en su bolsillo, consciente que la tecnología saqueada a Scaled Composites sobre el WhiteKnightTwo permitiría a la industria turística catalana emprender una nueva fase de expansión dejando detrás de nuevo a los americanos. Con la base de lanzamiento espacial en la Cabrera mallorquina, los cruceros, Gaudí, casinos en Perelada y Sitges, el plan era monopolizar el circuito hotelero de lujo más importante del mundo, dejando olvidados los sueños paranoicos de Los Monegros. Los cuatrocientos millones de euros al año por mover mil ricos al espacio era una cifra que no podía dejarse en manos de la competencia. Y las cifras podrían cuatriplicarse fácilmente si Sersh Inc. ampliaba el contrato con los chinos.

Había conocido a Geissbergar en la edad de las escaramuzas, en la Barcelona única de llibertat-amnistía-estatut d'autonomía, cuando todo se permitía por primera vez. No consideraron la inercia. Cuando se estrellaron contra el muro y se rompieron los molares, se dispersaron y llegó a olvidarlo completamente. Pero ahora, Geiss trabajaba para el ETH de Zürich en el proyecto Blue Brain y tenía acceso a la quasi ilimitada capacidad informática de IBM. Su reencuentro, buscando a través de los clanes-Inserso de los olvidados marxistas-leninistas (coleccionistas ahora de ediciones antiguas de Lukács y la serie de los trajes de Stalin -Ed. Mondadori-), fue bastante sencillo, sólo tuvo que cruzar los datos con los que adoptaban gatos abandonados, firmaban manifiestos en favor de los indios zapatistas y compraban bicicletas sin cambio de marchas. Una vez el contenido del WhiteKnightTwo pasó a los discos de ETH y de ahí, traspasado al datacenter de CaixaLaietana como un fichero de facturas XML, se volvió a olvidar inmediatamente de él. Las subrutinas de Wintermute, mucho mejores que las de Melò, falsearon los logs, desmenuzaron los ficheros y los enviaron directamente a las contratas de la supply-chain.

El vuelo inaugural con la nave Montserrateta fue un éxito mundial, consiguiendo llenar por fin el Fòrum para la efemérides. El anuncio de Freixenet en la CNN justo antes del despegue nunca llegó a saberse cuánto costó. Todos los que eran algo en el mundo ya estaban en la lista de espera y la reventa permitía a los más ricos ponerse más cerca de su prestigio. Convertir a los pasajeros, aun mareados tras la experiencia, en co-ciudadanos de Barcelona y darles un kit-celebration con Aromas de Montserrat, una faja de casteller y un wii con el Cant dels Ocells era premonitorio.

Fue todo a la perfección y quedó demostrada la capacidad y precisión de la industria y la logística catalana para liderar un proyecto de altísima tecnología así como el depurado arte de agasajar y servir al pasaje por parte de nostrats hereus i pubilles brandnew. Los fondos de inversión pagaban a mansalva diques en el litoral barcelonés a fin de disponer de suelo para la quinta pista del aeropuerto, las oficinas de los clusters tecnológicos y las sociedades financieras que se acumulaban para implantarse en el Llobregat Valley. Todo a punto para que la enorme inversión acumulada, imagen pública y reconocimiento internacional, empezara a rendir dividendos.

Nunca llegaron a saber qué fue exactamente lo que impidió el segundo vuelo. Los de Esquerra proclamaron que la dirección de Sersh, españolista, revendió la tecnología a los chinos a cambio de un contrato de exclusividad para sus hoteles. O el extendido rumor de que la CIA, mosqueada por las falsas pistas de la cassete con rezos en parsi y unas partículas de Ascò en la lata de te de Māzandarān, había susurrado alto y claro entre los clanes y las élites mundiales que el espacio sideral sobre Cabrera era campo de prácticas de sus láser anti-satélites. En Iluro provisionaron pérdidas para quince años y fueron opados por LaCaixa. Las autopistas siguieron siendo de peaje otros veinticinco años más. Que China anunciara sorpresivamente sus vuelos, más caros, pero con derecho a reintegrar full profits a las sociedades extranjeras participantes evidentemente hundió el proyecto catalán, el castell hizo figa, no pudo competir con el yuan en networking.

Héctor creía saber algo más. Trazó la transferencia a su cuenta en el Zürcher Kantonalbank y localizó un mayorista de naranjas en Andorra la Vella. Supo de la ingeniería china que desarrolló el Shenzhou8. Se imaginó la firma de ezh-s en el NonDisclosureAgreement. Xe collons, una débil sonrisa se insinuó en su cara.

(perpetrado por bose-einstein en nickjournal)